El surgimiento del “Dale, dale, Querétaro”: Clausura 2013

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Era la noche de aquel lejano 5 de Mayo del Clausura 2013 en la jornada 17, los Gallos Blancos recibían al Puebla, con un Estadio Corregidora abarrotado por su afición. El conjunto queretano necesitaba hacer 11 goles para poder salvarse del descenso.

Iniciaba el encuentro con gran expectación, donde “La Franja” se veía de buena manera haciendo grandes jugadas colectivas entre ellos y demostrando por momentos buen fútbol. Así, le rindieron frutos al minuto 38’, cuando Félix Borja no dejó la pelota a la deriva ante el error de comunicación de Osuna y “Matute” Garcia, por lo que empujó el balón he hizo mover las redes del arco para la causa poblana. 

Tras la charla técnica en el medio tiempo, Querétaro, sabedor de la gran proeza que debía realizar, buscó desde los primeros minutos del complemento una anotación que lo pudiera impulsar anímicamente para hacer la hombrada. No obstante, corría el minuto 69’ cuando llegó un pase filtrado de Diego de Buen al recién ingresado Matías Alustiza, quien marcó el de la sentencia, ya que se quitó al arquero y únicamente le dio un pase a la red. 

A pesar del marcador en contra, los dirigidos por Ignacio Ambriz se contagiaron del calor de la gente apoyándolos con el famoso “Dale, dale, Querétaro”. Así, en menos de 10 minutos, empataron el marcador a dos tantos, con ayuda del defensor poblano Roberto Chávez al minuto 73’ y con una genialidad de jugada por parte de Amaury Escoto en la banda de la derecha, para dársela al colombiano Wilberto Cosme y empujarla hacia la portería. 

Sin embargo, el gusto les duró poco a los locales, ya que en el 80′, otra vez Matías Alustiza marcó en el encuentro, esta vez de tiro penal, lo cual mató cualquier esperanza de un milagro. 

Finalizó el partido con marcador adverso 3-2, pero no decantó el ánimo de la afición queretana, ya que sabían que ese equipo dejó el alma en la cancha y no dio una pelota por perdida. Una noche difícil de olvidar porque a pesar de que se perdió ese partido la afición y el equipo tuvieron una química que pocos se pudieron imaginar y que jamás se volverá a comparar.