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Nacho González, la evolución felina

Nada falta para que Juan Ignacio González Ibarra celebre 11 años de su estreno en la Primera División defendiendo los colores de la Universidad Autónoma de Guadalajara.  Aquella noche, con Atlante como antagonista en agosto del 2007, fue la primera alegría en un pedregoso sendero que como luz terminal presentaba preciosas esmeraldas.

Tapatío de nacimiento, Nacho comenzó a picar piedra en el balompié bajo la escuela de los Rojinegros del Atlas. Con la inspiración de personajes como Chato Rodríguez, Daniel Osorno y el hijo pródigo, Rafael Márquez, convivió nueve años en las instalaciones de Los Académicos. No obstante, impotente fue la espera y, condicionado también por un par de expulsiones de la casa club, se vio relegado a la entonces Primera “A” con Coyotes de Sonora, institución que lo debutaría profesionalmente ante Correcaminos de la U.A.T. en agosto del 2005.

Clavando el radar en un punto más céntrico del país, Gallos Blancos del Querétaro compró su carta y lo firmó como refuerzo para el Apertura 2008 en la liga de plata. Fue esta transacción, con todo y sus futuras lagunas, la que a la postre redituaría como el trampolín del central en el balompié de la más alta competición. Campeón en su primer certamen como plumífero, con 14 encuentros de titular y un gol registrado, despuntó como uno de los elementos más constantes y prometedores. Sonaron como supuestos interesados Chivas -club de su idolatría-, América, Monterrey y Pachuca.

Seis meses después, ya con la obtención del ascenso en una dramática serie de penales presenciada en el Estadio Carlos Iturralde, en Mérida, Nacho se consolidó como un pilar de la franquicia en esa época. Virtual inamovible en la zaga. Sin embargo, luego de disputar un solo encuentro en el máximo circuito, Gallos Blancos decide cederlo a León para el Bicentenario 2010. De regreso al martirio.

De difícil aterrizaje en el Nou Camp, con la ilusión agrietada por haber retornado a la división inferior, González Ibarra poco demoró en abrazarse de la historia de La Fiera para, con Gustavo Matosas acarreando a los bueyes, devolver la plaza a la Liga MX: segundo ascenso individual a dos años y medio de su fichaje.

“Si lo hubiéramos dicho hace un año y medio que estábamos en Liga de Ascenso, más de uno nos hubiera pensado locos. Incluso cuando ascendimos, muchos hablaban de que no nos habíamos reforzado, que íbamos a durar poco. Nos echaban de menos y mira, ahora somos una realidad”, relató mientras hacía referencia al combinado de bajo perfil que en el Apertura 2012 causó revuelo a través de una filosofía de época.

Titán del adiós a la maldición del ascenso, se confirmó histórico al lado del ‘Kaiser’ en el bicampeonato de Los Panzasverdes anotando, primero, en Santa Úrsula para holgar la ventaja felina frente al América y, con un semestre de distancia, en La Bella Airosa para hundir al tuzo en el segundo tiempo extra.  La visita al Barcelona en la disputa del trofeo Joan Gamper y la Copa Libertadores son parajes que simplemente engrosan la identidad de éste en El Bajío.

“Ha sido el mejor momento de mi vida, no hay otro. Cuando metí el gol, lo único que pensé fue en la gente que me había ido a ver al estadio. Me arranco pensando en ellos y me dicen que qué siente callar al Azteca… yo realmente ni escuche nada. Después de ver las imágenes, me sorprendí de ver cosas tan importantes”, confesó en entrevista para El Corazón de la Fiera.

 

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