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Los 7 pecados capitales de Gallos Blancos

 

La mala, grisácea, situación del Club Querétaro en el Clausura 2018 es motivo de un profundo análisis sobre las causas que han provocado que el conjunto plumífero tenga nula posibilidad de, como se planteaba en enero, regresar a puestos de Liguilla. Tropezó con los mismos problemas y añadió otros. Y el resultado, a la vista está, no puede ser más decepcionante. Sin tener tanta información como Luis Fernando Tena, o Jaime Ordiales, nos tomamos la confianza de redactar en las siguientes líneas los yerros que mataron, por sexto curso consecutivo, la ilusión azul y negro.

  • Mala gestión de la plantilla

Liar en vez de sumar. Ciertamente arribaron elementos ya comprobados en la competición doméstica -únicamente Joel Sánchez, proveniente del Sporting Cristal, se sale de la tendencia-; no obstante, mal barajeada resultó la gestión de los recursos humanos ya cuando llega la sigilosa condición que semana a semana condicionaba al estratega a rotar obligadamente la convocatoria de los extranjeros. Fue más cantidad que calidad y la confusión lo confirmó. No existió distinción. Bueno, casi. Camilo Sanvezzo -alternando entre lesiones y altibajos-, Matías Britos, Alexis Pérez, Joel Sánchez y Miguel Samudio, nombres que, por puntualizar algunos, se agregan a los Candelo, Benítez y Stum para conformar tal listado… Jugadores que, salvo las típicas excepciones, reflejaron una clara indiferencia al momento de ponerse la playera, como si les diera igual ganar o perder.

 

  • Fórmula caduca

Decidió ir por un carril y nada, ni nadie, le sacó de allí. Es el gran fracaso de Tena. No supo hacerse de un plan B cuando le han fallado los jugadores, los tiempos y las sensaciones. Incapaz de innovar, ajustar, a un estilo que sintonizara mejor con las características del plantel, el capitalino se aferró gran parte del campeonato a un dibujo fundamentado en un 5-3-2 que escasamente representó rentabilidad amena en el gallero. Y no se diga sólo en resultados, costaba un mundo crear ocasiones de gol, las cuales casi siempre salieron de la inspiración de un solo jugador, Puch.

 

  • Volpidependencia

Es muy peligroso fiarlo todo al talento de un sólo jugador. Agregue suspenso si se trata del cancerbero, del solitario y desamparado cancerbero. No depender de quien ha evitado nada menos que 73 goles esta temporada no es que sea difícil, es que parece imposible, pero la necesidad ha sido tanta que cuando el brasileño se ha atascado, nadie le ha relevado. En una crítica individual, el honor es bueno; en una colectiva, no tanto. Por enésima campaña, Gallos Blancos ha confiado aventuradamente todo su destino a que Tiago aparezca como la virgen cuando el equipo no se ha interesado en respaldarle. Duele aceptarlo, pero el de Blumenau merece un mejor azar.

 

  • El ‘factor Corregidora’

El Coloso del Cimatario en el pasado reciente ha sido un foco de exigencia que, en incontables ocasiones, ha llegado a intimidar y esclavizar de más a los jugadores. Lo de las últimas campañas responde a eso, y en ese sentido, Sanvezzo fue claro: “La mayor presión fue de nosotros, estábamos en deuda”. Sin mayor miramiento, la anhelada calificación se ha desvanecido, de tajo, en la mismísima Corregidora perdiendo puntos ante Veracruz, Guadalajara, Necaxa y Pachuca.

 

  • Pobreza psicológica

Lo comentó hace unos días Javier Mier en la conferencia de prensa donde se decía consciente del lamentable torneo que la institución había realizado. Lo de Querétaro radicó, en adición a los puntos anteriores, en una pobreza psicológica, una mentalidad conformista, que pudo hallar una reconexión total con la visita de los jarochos: “Lamento decirlo, no tuvimos esa mentalidad en momentos importantes durante el torneo. Tuvimos desde el partido contra Veracruz para cambiar la historia y pensar en otro tipo de cosas”. Con este antecedente, no es de sorprender que se generó una considerable apatía al interior del equipo. El flaco ímpetu del plantel.

 

  • El taponazo de las redes

El ruido interno surgido a causa de la implementación de algunos segmentos en las redes sociales no ayudó precisamente al sosiego en la afición. Menos en el tramo más decisivo de la temporada cuando ambos objetivos, la salvación y la calificación, en esa jerarquía, demoraban en consumarse. Opuesto a lo planteado, se convirtieron en una fuente de constantes protestas. Y es que se exageró. Hay que reconocer que la idea fue buena, pero no el tiempo. La primera llegó con el ocaso del torneo cuando en principio se vislumbraba un mejor trámite y tuvieron mayor influencia las carencias de Lobos y Veracruz que lo hecho por Gallos. La segunda, sencillamente no arribó.

 

  • Precios excesivos

Es insostenible la ecuación que durante este semestre manejó el club queretano en la relación de espectacularidad contra coste. Se es consciente que existen aún plazas más caras que Querétaro para disfrutar del fútbol, pero siendo honestos, la disciplina de aquí, en tiempo modernos, no se disfruta ni un poquito. Aflige y adormece. Caso contrario, y como mera comparación, El Tibu, que hace no mucho naufragaba moribundo en el máximo circuito con un desempeño posiblemente más atractivo que el albiazul, apostó por sacrificar en entradas para ganar en presencia, en identidad, y, siendo o no factor, mejoría global les cayó. Sin llegar a los excesos de clamar esa dinámica, la directiva jamás se inmutó por ‘lavar’ aquella viabilidad económica con promociones realmente sugestivas.

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