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El Gallo cantó en el desierto

Después de tan abrupta sacudida sufrida ante Toluca en el mismísimo Coloso del Cimatario, Club Querétaro, con un golpe interno a mitad de semana, aterrizó en el Nuevo Estadio Corona para, más que derrotar, sorprender por marcador final de 0 – 2 a su similar de Santos Laguna en el compromiso que correspondía a la fecha siete del Torneo Clausura 2011.

El mandato de separar al colombiano Jairo Castillo y a Arnhold Rivas tuvo un efecto en exceso positivo para la plantilla plumífera, que hasta ese momento sólo cosechaba cuatro unidades, pues sintieron podían ser los próximos y a cambio desempeñaron una amalgama de madurez global.

Aún no cruzaban el túnel que da al campo y Gallos Blancos ya cargaba con la ventaja. Un par de minutos bastaron para que, a pase filtrado de Eder Borelli, Isaac Acuña eludiera el apurado achique de Oswaldo Sánchez en una proyección que por sí sola ya se antojaba como el primero del ocaso.

Los de Rubén Omar Romano buscaron conectar con la respuesta y de a poco fueron fraguando un monólogo que vestía de albiverde, pero sólo eso. Cuando parecía que los de la Comarca Lagunera alertaban con mayor peligro el área contraria, con disparos de Daniel Ludueña, un cabezazo de Oribe Peralta y otro de Carlos Morales, llegó el segundo de la visita.

A tres minutos del entretiempo, Jorge Ibarra se incorporó por izquierda para trazar una diagonal a la media luna, zona donde el uruguayo Carlos Bueno empalmó cruzado, raso, para aumentar la diferencia que a la postre se tornaría definitiva.

El son del complemento prácticamente no desentonó a su precedente. El anfitrión encimó al ‘camión queretano’; no obstante, entre el timing de la defensa entonces liderada por Adrián Romero y Efraín Cortés, y la figura de Jorge Díaz de León -que atajó mayúsculo, felino, un punterazo de Peralta al 62’- la hazaña se consumaba.

Así, con un par de jugadas puntuales bajo la conducción arbitral de Marco Antonio Rodríguez, El Gallo cantaba gozoso en Torreón por primera vez en su historia. Simultáneamente, el estratega charrúa Gustavo Matosas se amarraba de un evento que le significaba oro molido en la pelea por el no descenso que en aquel certamen encaraba con Necaxa.

 

 

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