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La vuelta en el Nou Camp

La vuelta en el Nou Camp

Bendita peculiaridad del balompié azteca, el factor Liguilla es una de las cosas que solamente pudo haberse creado en Latinoamérica, y que hoy adopta Bélgica, entre otras ligas sombrías de Europa: un premio a la mediocridad y un ejemplo de ‘injusticia’. Los campeones no son los que más partidos ganaron en el torneo regular, sino los que saben jugar esta característica modalidad. Sin embargo, hace más de una década, el atropello era peor. Recordemos cuando se clasificaba por grupos y el segundo lugar de un grupo, aun siendo decimosegundo en la tabla general, podía clasificarse para la contienda por el título. Afortunadamente, entre tanto reproche y controversia, el representativo de La Ciudad del Acueducto era de esos pocos que podían presumir sapiencia, niveles, -y hasta poderío- al tiempo que las postemporadas anunciaban su llegada en la otrora Primera División “A”.

Para el Torneo Clausura 2005, en su tramo decisivo, Querétaro andaba muy gallo. Siendo una auténtica ‘Cenicienta’ desde el onceavo peldaño de la clasificatoria, la franquicia entonces propiedad de Juan Antonio Hernández, con 26 unidades, le arrebataba ‘descaradamente’ el cupo de júbilo a Tigrillos Broncos y Potros Neza, que sumaban 29 y 28 respectivamente. No conformes con el disparatado formato, León y Celaya, que rebasaron la treintena en el puntaje, se disputaban el acceso contra Cobras y Durango, que también pasaba a los encrestados, en el Repechaje.

Echando al líder, Cruz Azul Oaxaca, en Cuartos y a su escolta, Huracanes Colima -que alineaban con Miguel Becerra en el arco y Raúl Rico en la zaga-, en Semis, el estratega paraguayo Carlos Jara Saguier elevaba el cantar del Gallo Blanco al devolverle la ilusión de retornar al máximo circuito luego de la misteriosa desafiliación de la Federación Mexicana de Fútbol en el 2004. Instalados en la Gran Final, la zona centro era la más agradecida producto de un protagonismo absoluto. En un viaje que comprendía los 173 kilómetros, el Club León se alistaba como el ‘último’ obstáculo rumbo al éxtasis; pues aguardando por el choque, San Luis, monarca del previo Apertura, ya cargaba con seis meses en espera por conocer a su rival en la Final de Ascenso.

Tras un primer episodio desnudado en drama por las volcánicas anotaciones de Roberto Nurse y Víctor Mora en el Estadio La Corregidora, resumidos como un aliciente al descuento de Juan Guerra por los guanajuatenses, el conjunto plumífero aterrizaba radiante, mentalizado, en las instalaciones del Nou Camp para, potencializado por un box to box, consumar la batalla en un barniz albiazul. “Es una ventaja, mínima, pero al fin diferencia, tenemos que ir al juego de vuelta a poner nuestra máxima disposición y hacer lo posible para sacar adelante este encuentro”, antecedía Nurse Anguiano, vital con cuatro goles en los cruces directos, respecto al finiquito de la serie.

El anfitrión, con un tridente ofensivo formado por los argentinos Claudio Sarriá y Héctor Álvarez, junto con Bardo Fierros, intentaron superar a los emplumados, que nunca perdieron concentración y tampoco cedieron espacios para mantener a su portero Gustavo Sedano con poca intervención hasta el descanso. Mismo que en su justo ocaso condenó la decepción de Los Esmeraldas, cegados en fingir faltas, a través de Armando Tavira, que, en un pressing letal, robaba la salida a Juan Carlos Rojas al 43’ para soltar un escopetazo a la escuadra que por diestra custodiaba César Ríos.

Para el complemento, Juan Carlos Chávez, técnico leonés, ingresó al campo a Jesús Fuentes y a Juan Guerra, dos hombres que le ayudaron a obtener mayor movilidad en el eje del ataque y propiciar que el partido se empatara, reactivando esperanzas a la afición por rescatar el resultado, el semestre, la blasfemia. Señalando 51’ en el cronómetro, Leobardo López conectaba a un envío de Fuentes en córner y La Capital Mundial del Calzado enloquecía. Querétaro siguió en lo suyo, defenderse a ultranza y buscar contragolpes con Roberto Nurse, apoyado por Nestor Gutiérrez y Jorge Collazo.

Los Panzasverdes persistieron en la búsqueda de un rugido que obligara a la prórroga. Tuvieron una oportunidad dorada, irrepetible, a ocho minutos del desenlace, cuando Armando Morales cortó inocentemente con la mano un avance dentro de su área y Mauricio Morales pitaba la pena máxima. Originario de La Asunción, el defensa Luis Romero, a instantes de un trote donde procuró fintar a Sedano, vació su disparo a la izquierda para desperdiciar la opción que habría significado el equilibrio en el global. La Fiera agonizaba y el Gallo, el incansable Gallo y su hinchada, todavía ‘no olvidan la vuelta dada en esa cancha’.

 

 

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