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“La maldita cuesta de enero” por Diego Rubalcava

¿Recuerdan aquellos gloriosos primeros días de enero? El aguinaldo aún rendía, podíamos embriagarnos siete días a la semana y la cosa con Gallos pintaba re bien. Buenos refuerzos, cambios en la directiva y un Veracruz que no se veía por dónde. Todo parecía decirnos que el problema no era el descenso era ver en qué lugar calificábamos a la liguilla.

Y todos son risas hasta que, para finales del primer mes del año, te das cuenta que lo que te estabas gastando ya no era el aguinaldo, eran las tarjetas de crédito, que el gas está carísimo y que los Gallos no caminan ni en reversa. La verdad es que, a título personal, ni en mis peores pesadillas me imaginaba un equipo que jugara tan mal futbol para esta etapa de la temporada.

Lo visto el sábado fue de lo más triste que recuerdo desde el último ascenso a primera (y mira que hemos pasado unas que no manches). La defensa, está para sacarse los ojos. La intransigencia táctica de Tena y jugar, sí o sí, con tres centrales hace que la cosa luzca tenebrosa. En media cancha poco y nada. Nadie genera futbol: ni Trejo, ni Arellano, ni Noriega, ni nadie. Y bueno arriba Sanvezzo que nomás no anda y Puch que tiene cuatro buenos regates por partido y párale de contar.

El sábado esta excusa de “hay que jugar con inteligencia porque recibimos al América/Tigres, o visitamos a Morelia, o ganamos de visita en la complicada cancha de Lobos”, ya se vino abajo. Acá visitó tu cancha uno de los peores equipos de los últimos años en primera división y saliste a defenderte, a defenderte maldita sea.

Y mira que Tena me parece un técnico realmente preparado, que sabe hacer vestidor y que trabaja muy bien, pero esto sí está dramático. El sábado me vi en la necesidad de acabarme como 8 cervezas en el primer tiempo (ni fui al estadio, ni estaba trabajando para que no me juzguen) y solo así pude evitar ponerme a llorar.

Normalmente esta columna se escribe para buscar generar una sonrisilla por ahí y para sacar la sarta de tonterías que tengo normalmente en la cabeza, pero acá imposible hacer comedia. Cuando los pilotos están en una emergencia de vida o muerte dicen “Mayday, Mayday, Mayday”, y pues así las cosas, este barco se convirtió en una balsa y al ratito que un gordito se eche un clavado a la alberca nos voltea en tres segundos.

Urge replantear todo, todo, todo. Porque si seguimos así, en unos meses, ni todas las cervezas del Valle de México me van a alcanzar para no terminar el torneo llorando como magdalena. Por lo pronto, sus fotos indecentes, memes de perritos y mentadas de madre al @diegort_. Hoy, aunque cueste trabajo, vámonos riendo y que digan que estamos locos.

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