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Chivo expiatorio en El Cimatario

Pletórico, extasiado, un tanto escéptico, reclinaba la cabeza al cielo mientras sus manos le cubrían la boca aparentando suplicar una clemencia desesperada a pocos metros de la afición tapatía. Con un guante rojo en la izquierda y otro blanco en la derecha, gritaba exultante y, arrodillado cual peregrino, se suspendía en medio de las desmesuradas felicitaciones de sus compadres, Alberto ‘El Venado’ Medina y Omar Bravo. El 10 de diciembre del 2006, Adolfo Bautista, con el cronómetro proyectando 69’ en el Estadio Nemesio Diez, se desfiguraba como el mismísimo demonio tras marcar el gol de su vida en la Final del Apertura 2006, el de la onceava estrella para el Club Deportivo Guadalajara, ante el místico Toluca de Américo Gallego. El festejo del oriundo de Dolores Hidalgo fue una erupción, un clímax divino que, con un llanto desquiciado, sirvió de dedicatoria a doña Cristina Herrera, su madre, fallecida en enero de ese año. Una estampa categórica en euforia y júbilo, bien futbolera, bien mexicana.

“Normalmente, en el transcurso del hotel al estadio, cuando vamos en el camión voy rezando, o hablando con mi familia y en ese caso iba rezando, pero me quedé dormido. Me conecté con ella y empezamos a hablar. Me decía que me quería mucho, que había cumplido mi sueño de jugar, que lo disfrutara y, al final del sueño, que estaba conmigo como diciéndome que era mi ángel. Por eso, cuando cae el gol, me desahogué gritando. Fue algo impresionante para mí”, compartió al portal de Medio Tiempo apenas aterrizaba el décimo aniversario de aquel título de Chivas. Esta fue, sin temor al yerro, la última miga de irreverencia, de brillantez, que el surgido en las Fuerzas Básicas de la Universidad Autónoma de Guadalajara pudo regalar a miles, millones, de seguidores en el país.

Sinónimo de polémica, como la generada en 2005 a costa de la entidad Xeneize, y de rotundo debate en la opinión pública, el ilustre ‘100’ terminó por inclinar su reputación del lado de la inconsistencia y lo mezquino. Además de labrar ‘famita’ en nada menos que el corazón de La Patagonia, el volante creativo dejó huella en Brasil producto de destruir un invicto como local a Sao Paulo que rebasaba los veinte años y un subcampeonato de Libertadores que presentó al Inter de Porto Alegre como antagonista en el libreto.

“Sabíamos que iba a ser difícil, pero traíamos buen equipo en ese certamen. Y empezaron a caer los goles. Cayó el primero, el segundo y, como todos saben, los argentinos no saben perder. Empezaron a pegar mucho. Me tocó hacer el cuarto. Boca estaba desesperado. Muchos me dijeron ‘Vas a ver allá y me estaban a amenazando que no iba a salir vivo’. Ya en la vuelta, donde se hizo todo fue en una jugada donde me dan un pase largo, yo iba agarrarla de cabeza, veo que dos vienen con intención de reventarme. Me paro, pero me alcanzan a pegar, caigo y, como La Bombonera estaba hacia arriba, me empezaron a aventar pedazos de cemento y piedras. Me enojé y fue una reacción, tal vez mala, pero les hice que iban cuatro. Me ve Palermo y me empieza a seguir, me tiró un cabezazo y fue ahí donde nos expulsaron. Los policías me sacan por donde está la gente de ellos y, pasando por su banca, el técnico me escupe; no me percaté hasta ver el video porque iba tapándome la cara. Pensando que no habían grabado esa acción, él lo negaba a los medios… Lo disfrutamos y lo disfrutó la gente de River, hasta la fecha me felicitan por haber hecho eso”, recordaba en una exclusiva a Binocular TV sobre el salivazo que el estratega pampero Jorge Benítez le propinó, precisamente, en los Cuartos de Final de la Libertadores 2005.

Con el eminente declive, el extinto Jaguares de Chiapas lo arropó. Sin mayor trascendencia en la selva, Jorge Vergara lo volvió al redil rojiblanco. Una segunda etapa donde Javier Aguirre, camuflajeado de redentor ante los pobres créditos mostrados, lo premió con la inscripción en la convocatoria definitiva que apuntaba a la máxima competición de la FIFA en el continente negro. Nada cambió, al genio le habían hallado la fórmula.

Un año distante a la penosa y no tan loable aventura, Gallos Blancos perfilaba como el destino más probable para el mundialista en Sudáfrica 2010, ya que el mismo presidente de la institución queretana, Ulises Zurita, revelaba en el programa radiofónico Raza Deportiva de ESPN que tenía interés en incorporar al guanajuatense de cara al Torneo Apertura 2011: “Creo que el jugador quiere una revancha y nosotros le daríamos la oportunidad para que vuelva a ser el ‘Bofo’ que todos conocen”, manifestó entusiasta el dirigente.

Fincando sus aspiraciones de dejar de ser uno de los involucrados en la porcentual y convertirse en uno de los invitados a la Fiesta Grande, el Club Querétaro presentaba a Bautista Herrera para que, sin sentirse la estrella del campamento, quemara los chispazos terminales que alguna vez se desencadenaron como rumores con destino a Europa. Junto al de peinados estrafalarios, llegaban a préstamo Ricardo Vázquez, Mitchel Oviedo y Christian Pérez -cortesía del Rebaño-, Israel ‘Jagger’ Martínez y Amaury Ponce. En cuanto a la bandada foránea, Efraín Cortés y Carlos Bueno eran los únicos sobrevivientes con respecto a la campaña pasada; Daley Mena, Franco Niell y Maximiliano Arias complementaban la quintilla: “Críticas o no, hablen bien o mal de ti es porque les importas”, lanzaba en sus primeros entrenos haciendo referencia a los incansables cuestionamientos de la prensa por su fichaje.

Su evolución portando la azul y negra fue lenta, colmante, pues debutó hasta la jornada ocho en el 4 – 0 a Pumas de la UNAM en el Estadio Corregidora. Partiendo de ese evento, el 10 de septiembre, de a poco se fue haciendo de la confianza de José Cardozo al grado de cerrar como un titular indiscutible. En la temporada de ensueño, la de la histórica calificación, sumó diez defensas como encrestado, siete en fase regular y tres en Liguilla (se perdió la vuelta contra Tigres por una lesión en la espalda). Consumada la serie en El Volcán, misma que definió la salida de Bueno Suárez a Argentina por los ya incómodos roces con ‘El Príncipe Guaraní’, un detalle contractual lo privó de extenderse como peón en La Ciudad del Acueducto. Obligado, Bautista presumía de un hostil semestre vacacional.

Rematando el lapso que dictaba la congeladora, la fuente de botines personalizados ya saboreaba su reingreso al gallinero, al empastado. Sin embargo, una mala pasada de los altos mandos, a dos semanas del banderazo del Apertura 2012, condenaba su estadía y, quizás sin notarlo, su trayectoria en la Liga MX.

“Es una injusticia lo que están haciendo, más coraje me da, y tristeza, que quieran jugar conmigo, con mi familia, ensuciar mi carrera deportiva diciendo eso, que fui a prueba. Tú sabes que no soy un novato y nunca aceptaría eso. Estoy muy decepcionado de la directiva, que me hayan dado su palabra, del técnico, y a última hora me cambian la versión”, reveló a Medio Tiempo tras un supuesto déficit en el rendimiento físico. En adición, dijo sentir rabia por la manera en que se manejaron las cosas pues apenas iba a pagar la primera renta de la casa que iba a habitar.

No conforme, y con los micrófonos a merced, ventiló que no es la primera vez que los jerarcas de Gallos actúan así, pues recordó que los pasados técnicos, Comizzo y Matosas, vivieron situaciones similares.

“A ese técnico (Comizzo) que estaba lo habían ratificado, se va a agarrar jugadores extranjeros (a Sudamérica) y estando allá le dicen que siempre no sigue. O sea, ¿tú crees que es una Directiva seria? El caso de Matosas, que iba ganando varios partidos y nomás porque hay un representante que se llama Pavón, que es el mafioso de ahí que lleva a todos los extranjeros. Así es, los trae, firman por tres años y a los seis meses no les dicen nada, más que se cerraron los registros y que no entran en planes. Eso yo te lo digo, pero le puedes ir a preguntar a Maxi, a Vitti, les puedes hablar a ellos, al ‘Hueso’, y se las aplican igual. Lo hacen porque ahí se meten un dinero”, enjuició conducto de sentirse degollado porque así el equipo se ahorraría dinero que destinaría para pagar el virtual retorno de Carlos Bueno, quien pertenecía al club plumífero pero que estaba cedido al San Lorenzo de Almagro.

Eco de los murmullos, Carlos de los Cobos, estratega en turno, declaró que el tema solamente tenía que ver con lo deportivo, pues luego de una evaluación a la evolución que se tuvo en la pretemporada, concluyó que no se podría quedar en el plantel. Curiosamente, el ex seleccionador salvadoreño compaginó esas afirmaciones externando que una de las prioridades a Zurita Reyes era regresar al ‘Loco’ a Querétaro por ser un goleador nato, tener liderazgo en la cancha y porque la afición estaba totalmente identificada con él: “Sé que lo hicieron porque se abrió una puerta y lo que me iban a dar se lo van a dar a otra persona. El sacrificado fui yo”, fueron las últimas palabras del que futuramente probara suerte en la Liga de Ascenso, en el fútbol sala y hasta en un reality show. A Bautista, con una bofetada en seco, le hacían honor de la manera más imprudente.

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