Home > Principal > Futbol Mexicano > ConcaChampions > El Alquimista, Gustavo Matosas.

El Alquimista, Gustavo Matosas.

“Cuando vos querés y deseas algo con todo el corazón, y trabajas para conseguirlo, el mundo conspira para que lo consigas” … Tal cual, de pasional apego a los ejemplares enfocados a la psicología y al aspecto motivacional, Gustavo Cristian Matosas Paidón adapta un mítico fragmento y designa al memorable novelista Paulo Coelho como el causante absoluto que, en propias palabras, le cambió la vida y le guio a una mentalidad positiva a partir de la obra El Alquimista.

De modestas raíces, Gustavo sembró la primera semilla de su travesía frente a los banquillos a mediados del 2002 con el Club Social y Deportivo Villa Española, institución de rocoso andar al caracterizarse por problemas económicos que lo han visto flotar, en mayoría, sobre las corrientes de la Segunda División Uruguaya. Semejante perfil mantuvieron Plaza Colonia y Rampla Juniors como posteriores destinos, con la distinción de que este último ya relucía las primeras migas del organizado desorden ofensivo que circulaba por su cabeza.

Añadiendo suma veracidad a la innovadora y prometedora filosofía, se catapultó a la cúspide de la nación celeste al ofrecer el Olimpo a Danubio en la temporada 2006/2007 en medio de una plantilla que contaba con actuales estrellas mundiales de la talla de Walter Gargano y Edinson Cavani. No obstante, después de la plausible hazaña, el hijo de Roberto, legendario defensor de Los Aurinegros y semifinalista en la Copa Mundial de México 70’, y Blanca, la mayor fortaleza de su vida, viviría una variante agridulce al comandar aciagamente al Peñarol, club de sus amores, durante la campaña siguiente.

Optimista por visualizar una suculenta chance de proyección, de revancha, Matosas direccionó el radar a tierras aztecas en diciembre del 2010 para consumar su arribo al Querétaro Fútbol Club en vísperas de conjuntar un cuadro con la capacidad de librar el descenso que atemorizaba previo al Torneo Clausura 2011. Contagiando amabilidad en cada palabra, educación ante la prensa y un profesionalismo más que probado, además de un vocabulario directo, alentador, el estratega amagaba con convertirse en un personaje serio y de resguardo para la hinchada albiazul.

“Doy gracias a Dios por esta oportunidad. Llegar al futbol mexicano representa mi vida, mi carrera, mi historia. Desde antes de llegar, la prensa, muchos decían que a qué venía con un equipo que está peleando no descender, que no conozco el gremio. Pero, cuando sabes fútbol no necesitas conocerlo, el fútbol es el mismo y mira, yo te aseguro que conozco el fútbol de México mucho más que otros…solo pido tiempo, que me den dos o tres años y sabrán entonces quien es Gustavo Matosas y hoy que me digan lo que quieran”, mencionaba a El Universal.

En donde hay misterio, hay pecado. Si bien la presentación con Gallos Blancos no se singularizó por ser rimbombante, se cristalizó la encomienda primordial luego de mantener la categoría con dieciséis unidades cosechadas; meta que fungió como la antesala de un halagüeño arranque del Apertura 2011 que, hasta la fecha cinco, posicionaba a la franquicia dentro de puestos de liguilla, con una apuesta táctica cada vez mejor dominada por los jugadores y en medio de victorias consecutivas frente a Pachuca y Atlante. Minimizando bendito augurio, y de forma insólita, Zlatko Petricevich, aristócrata y enigmática celebridad que gozaba de alzarse el cuello como mandamás de la organización, cesó al estratega charrúa tajantemente, sin fundamento alguno. Un hecho que revoloteó con fuerza entre la comunidad local, provocando enojo e incertidumbre en todos los eslabones.

“Me voy, eso quieren y respeto la decisión, pero ¿les digo algo?, hay un señor de nombre Petricevic que le hará mucho daño al club, al fútbol de Querétaro. Ese señor pidió mi cabeza y me voy, pero recuerden muy bien, hará cosas malas al equipo y mi salida no la entiendo, no encuentro justificación… solo aquí se ve que un técnico que suma dos triunfos consecutivos, lo echen a la calle”, anticipó el atardecer del 15 de agosto del año en curso tras convocar a toda la prensa en un restaurante del Centro Histórico emulando una dolorosa y amañada despedida.

Reacciones inmediatas al interior del seno emplumado tampoco se hicieron esperar al grado de mensajes de extrañeza vía Twitter cortesía de Manuel López Mondragón, y de la elaboración de una carta grupal, firmada con puño y letra de cada elemento, cuyo destinatario se redactaba a la directiva, capitaneada en ese momento por Ulises Zurita: “Creo que nunca un grupo de humildes y disciplinados jugadores se había unido en torno al apoyo de un técnico… Nosotros continuaremos jugando con más ganas por el bien de la institución, pero sin duda allí quedará esa espinita clavada en el ánimo no sólo de nosotros, sino de la misma afición y medios de comunicación”, resaltaba en el escrito con la misión de organizar un movimiento capaz de anular la decisión anunciada.

De lamentable desenlace, por si fuera poca la tortura que condena en la morada, la respuesta de los dirigentes nunca salió al aire y era oficial, Gustavo Matosas se retiraba, sin merecerlo, por las puertas traseras del Coloso del Cimatario.

Haciendo alusión a su vasta baraja de objetivas y peculiares expresiones, el timonel apenas tomaba al toro por la cola y por los cuernos al son de frases como “Todo pasa para bien” y “La vida es un constante aprendizaje”, en tanto que Jesús Martínez Patiño, presidente del Grupo Pachuca, ya pensaba los piropos puntuales para seducirle con un bosquejo idealizado para regresar al Club León al protagonismo en el máximo circuito tras un eterno período de sequía y llanto en el recién instaurado Ascenso MX.

En efecto, el predicador de la escuela de Telé Santana, entrenador brasileño que glorificó a São Paulo en la expiración del Siglo XX, plasmó su rúbrica en septiembre y desembarcó en tierras guanajuatenses. De curiosa bienvenida, tres meses de obligado ‘receso’ desde las gradas le permitieron estudiar la idiosincrasia de la Liga de Ascenso, pero también a detectar cuál era la debilidad más grande del nuevo reto.

Perseverante y de sufrida tendencia, calificativos homónimos con los que describe al jugador tricolor, porque ha pasado mil y un dificultades para llegar al profesionalismo, Matosas Paidón reventó grotescamente la maldición que persiguió subsecuentemente a dieciocho entrenadores en justo una década: retornar a Los Esmeraldas al máximo circuito en un simple semestre. “No tengo inteligencia como la mayoría de la gente, lo que tengo es mucha constancia”, exponía al rezagar a Correcaminos en la Final de Ascenso y en ofrenda a sus sólidos aliados en un organigrama, éste sí, de ensueño. En sincronía, el recital de oraciones en su autoría comenzaba a resonar en La Ciudad del Acueducto con sensaciones de celo, de arrepentimiento, que se aumentaban exponencialmente con la testificación del bicampeonato alcanzado entre 2013 y 2014 con el vecino incómodo que complementa al Clásico del Bajío.

Confirmando dicho suspiro, el dueño de la varita mágica alzaba la voz de manera grata para sellar el matrimonio perfecto de la época contemporánea al agradecer a Querétaro la oportunidad de haber dirigido en la Primera División mexicana. Sin embargo, la dedicatoria también desempolvó el pasado reciente que le condicionó a cruzar miradas con los Panzas Verdes: “La gente, la ciudad, me trató muy bien. Gracias a que me despidieron apareció León en mi vida y hoy vivo una alegría maravillosa, estoy en una ciudad espectacular, con una afición maravillosa, con unos jugadores extraordinarios. Sólo tengo agradecimientos”. Era el despertar de La Fiera producto del latigazo de la leyenda más reciente, más mediática. Un auténtico ídolo.

Genio en extinción, alquimista por excelencia y líder nato. Sabio presagio resultó el vaticinado por el pensante protagonista al solicitar dos, máxime tres años para que la nación, y sus múltiples detractores, se percataran de quién es realmente Gustavo Matosas y el potencial que puede desprender. Descartada está la suposición de que de haberse quedado en El Gallinero hoy se hablaría de que se es campeón, bicampeón o mucho menos; sino que destaca la integridad, el coraje y la garra de sublime portento para silenciar a una pandilla de superiores que se olvidaron de lo deportivo, y de lo humano, con el afán de secundar al Tío Petri, croata que, ciertamente, no hizo más que deteriorar al balompié queretano.

You may also like
Gallos rescata el empate de Ciudad Universitaria
“La prioridad será no perder” por Paco Chimal
Oxígeno puro para Veracruz
“¡Seguimos sin generar!” por Javier Martínez
A %d blogueros les gusta esto: